El camino hacia los entornos cloud es cada vez más necesario y solicitado por las empresas para mantener la competitividad y mejorar la eficiencia y agilidad de sus procesos. La adopción de la nube pública fue todo un suceso, pero se espera que las empresas se acerquen cada vez más a un enfoque de nube híbrida.

 

El sistema de nube híbrida combina servicios de nubes públicas, privadas y on-premise con orquestación entre ellas y flexibilidad para mover las cargas de trabajo de acuerdo a las necesidades específicas. De este modo cada empresa puede utilizar a su favor los beneficios de cada tipo de nube, manteniendo las aplicaciones y datos críticos en su propia infraestructura y aprovechando la flexibilidad que brindan las nubes públicas y/o privadas.

 

El beneficio principal será, entonces, será el de combinar la fortaleza y seguridad de los datacenter ubicados en la propia empresa, con los beneficios que brindan los entornos cloud. De este modo, se obtendrá una mayor agilidad, mejor planificación de la migración y el resguardo de los datos sensibles.

 

Sin embargo, la implementación de la nube híbrida tiene sus desafíos y debe implementarse paulatinamente. En primer lugar las compañías deben evaluar su infraestructura actual y realizar un estudio de sus aplicaciones, las necesidades y dependencias que tienen. Una vez tomada la decisión se recomienda que procedan en fases, con una implementación limitada y gradual que avance y se desarrolle con el tiempo.

 

En cuanto a su arquitectura requiere de una plataforma pública de infraestructura como servicio (IaaS), la construcción de una nube privada y la conectividad adecuada de red de área amplia (WAN) entre los entornos.

 

Los números son determinantes: según IDC, el presupuesto destinado a la TI tradicional in-house va a pasar del 57% al 43%, y la diferencia de presupuesto será destinada a adquirir modelos cloud. Y más del 80% de las grandes empresas utilizarán entornos de cloud híbridos en dos años.