Invertir en tecnología cloud será cada vez más importante para que las empresas puedan asegurarse una ventaja competitiva. De hecho, se proyecta que el mercado de nube pública alcanzará los $191,000 millones antes de 2020, por lo que la nube crecerá de manera exponencial antes de llegar a la próxima década.

 

El momento es ahora pero ¿es posible lograr una migración sin interrupciones?

La respuesta, desde ya, es positiva.

 

En primer lugar, es necesario tener una visibilidad completa del entorno, así como también tener en claro qué necesidades tiene, cuál es su rendimiento actual y cuál sería el costo de la nube. Luego, resulta ideal seleccionar una aplicación que no sea crítica, y que refleje los patrones de arquitectura comunes en el entorno. El equipo de migración debe entonces tomar nota de los puntos clave y, a partir de la información obtenida, generar un plan de trabajo para escalar la migración.

 

Llegado a este punto, habrá que determinar el nivel de complejidad y esfuerzo necesario y evaluar el ROI, así como también comparar las ventajas y desventajas para determinar qué cargas de trabajo migrar y cuáles no, ya que algunas de ellas posiblemente sea mejor dejarlas donde están.

 

Finalizado este análisis, finalmente llega el momento de ejecutar la migración. La principal recomendación es comenzar con la modalidad Lift & Shift, que permitirá cambiar el alojamiento de la aplicación o entorno sin modificar el código ni la arquitectura existentes. También resulta una buena idea usar contenedores para adoptar un enfoque más orientado al futuro.